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El auge del mercado de la moda de segunda mano

La nueva gran amenaza para las firmas de moda low cost es el negocio de la moda de segunda mano. Sólo en Estados Unidos, el tamaño del mercado de la ropa usada será mayor que el convencional en cinco años.

Del mismo modo que Inditex resituó la moda low cost en la primera línea del sector, hoy en día es el negocio de la segunda mano el que está reposicionándose. Los gigantes del sector empiezan a tomar posiciones para no perderse un pastel cocinado con los recursos que ellos mismo producen.

En Estados Unidos, el mercado de la ropa de segunda mano generó en 2018 ingresos por 24.000 millones de dólares y se espera que en 2023 el volumen alcance 51.000 millones de dólares. El fenómeno es de tal calado que aúpa a otros modelos ya existentes como el alquiler y se sofistica creando otros nuevos, como la suscripción.

Se calcula que, en 2018, un total 56 millones de mujeres compraron artículos de segunda mano, lo que equivale al 64% de la población femenina mayor de 18 años. Un año atrás, fueron 44 millones.

Sophia Amoruso fundó en 2012 Nasty Gal. Sophia compró en una tienda del Ejército de Salvación una chaqueta Chanel por 8 dólares y la vendió por 1.000 en eBay. Así arrancó el imperio de una joven de veinte años, que llegó a ser una de las multimillonarias más jóvenes en Estados Unidos comprando ropa de segunda mano y revendiéndola más tarde en eBay.

La irrupción de Internet en el subsector de los mercadillos al aire libre de venta de ropa usada lo despojó de sus límites físicos y locales para darle una magnitud global.

La segunda mano tiene todos los ingredientes de la nueva economía: tiene Internet en el centro del negocio, se centra en los datos antes que en el producto, tiene magnitud global y elimina las fricciones propias del mundo físico. Y la moda es uno de los puntales de su desarrollo: ha sido en los mercadillos tradicionales de segunda mano y lo es ahora en su versión sofisticada y global en la web.

De este modo, la ropa, el calzado y los complementos, junto con la categoría de deporte, tienen un lugar destacado en marketplaces de segunda mano generalistas como eBay o Wallapop.

Alquiler y suscripción también en la industria de la moda

También el alquiler se enmarca en esta fórmula. Antes de la llegada de Internet, era habitual alquilar un piso o un coche, pero pocas prendas más allá del traje de boda o un frac para ceremonias.

Y lo mismo ocurre con la suscripción. Del mismo modo que uno se suscribe al gimnasio por una mensualidad que le da derecho a una serie de actividades y espacios, la moda envía cajas con una selección de artículos, ya sea de compra o de alquiler, de manera periódica y por un precio mensual o anual. Este modelo, que tiene como referente a Stitch Fix, ha ido evolucionando y diversificando.

Los cimientos de estos negocios son los datos y la analítica de datos. De la misma manera que Netflix es capaz de predecir cuáles serán los siguientes contenidos audiovisuales que un suscriptor querrá ver a partir de todo aquello que ya ha consumido o por lo que ha mostrado interés en el pasado, las empresas de venta o alquiler de moda por suscripción pueden llegar a anticipar lo que sus clientes van a querer vestir.

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